Se aborda el proyecto con una mirada relacional y situada, que reconoce la sal, como ejemplo de muchas otras materias primas consumidas a nivel global, y analiza sus componentes ecológicos, culturales y económicos específicos del territorio.
Propone la trazabilidad como herramienta para hacer visibles las interconexiones de los productos de consumo con las redes de producción, territorios y ecosistemas que participan en el proceso, siguiendo ideas de Bruno Latour, Donna Haraway, Anna Tsing o Timothy Morton. Para ello se desarrolla una investigación tanto sobre la sal como actante de la red como de sus posibles usos en la producción gráfica y artística, aplicada paralelamente a la difusión de las conclusiones del proyecto en formato editorial en una publicación de cuatro tomos: Ecosistema, Memoria, Personas y Tecnología, ademas de una museográfia web que recoge la parte visual del proyecto en un formato expositivo.
Este proyecto no solo trata de la sal, sino de cómo elementos cotidianos nos conectan con el territorio, las personas y los ecosistemas. En un momento en que el mundo enfrenta una crisis ecológica, política y de identidad, este proyecto busca ayudar a replantearse la relación con los recursos y las redes que los sostienen.